Ocupación de época emiral (s. VIII-IX d.C.)

La existencia de materiales arqueológicos de época emiral en el Cabezo Pardo permitió, hace ya algunos años, identificar este lugar con el Tall al-Jattab mencionado por el geógrafo al-‘Udri. Según este autor, se trataría de una de las alquerías que Teodomiro entregó en calidad de dote con motivo de la boda de su hija con el fundador del linaje de los Banu-Jattab, una familia que acabaría cobrando una gran relevancia política en los siglos venideros en esta zona de la Península.

Los datos recogidos hasta ahora en las campañas de excavación realizadas nos permiten proponer que el poblado citado en sus textos por al-‘Udri estaría integrado no sólo por las casas que se alzaban sobre la cima del Cabezo Pardo sino también por las que ocupaban la cima amesetada del cercano Cabezo de las Fuentes, ya en el Término Municipal de Granja de Rocamora.

Hasta la fecha, la única unidad habitacional registrada perteneciente a estos momentos corresponde a una vivienda de gran tamaño, de la que se han podido documentar tres de los muros que la delimitaban. Éstos, elaborados con argamasa y mampostería, aprovechan en algunos tramos sillería y bloques tallados sin duda procedentes de edificios más antiguos, de época tardorromana, cuya localización por el momento ignoramos.

yacimiento11La habitación disponía de un pavimento de tierra a unos 0,70 m de profundidad con respecto al nivel de suelo exterior, salvándose el desnivel probablemente mediante una escalera de acceso situada en el vano de entrada, flanqueado por dos lajas de piedra de gran tamaño, pero de la que desafortunadamente no ha quedado resto alguno debido al expolio de material constructivo que debió producirse tras el abandono del asentamiento, a finales del siglo IX.

El conjunto de estructuras emirales localizado se completa con el hallazgo en la reciente campaña de excavaciones de 2008 de una sepultura (Tumba 2) que nos ha deparado interesantes sorpresas. Este enterramiento localizado al suroeste de la citada habitación, consistía en una fosa excavada en el sedimento cuyas paredes iban revestidas de forma irregular con algún tipo de arcilla de color amarillento y bloques medianos de piedra. En ella se halló el esqueleto inhumado de una mujer adulta, según nos ha confirmado un primer estudio antropológico, la cual guardaba una postura en decúbito supino con las manos replegadas a la altura del vientre, reconociéndose aparentemente un claro ritual cristiano. La posible pervivencia de tradiciones funerarias cristianas entre una población claramente sometida al control político yundí nos abre una importante línea de investigación sobre cómo fueron los inicios de las relaciones que se establecieron entre la población hispana de los s. VII-VIII y las nuevas gentes llegadas del Norte de África.

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